10 de enero de 2012

Vientos


Como desearía estar en la Costa de Valparaíso. Sentir el ruido del mar, de la gente normal. Normal por que no ves rubiecitos hablando de sus casas en Cachagua, de lo bien que se ve la nana con delantal o de cuanto roto picante ha aparecido desde las protestas estudiantiles. 
El viento imparable; constante que mece la ropa colgada en las ventanas y terrazas con un sin fin de "perritos". 
La gente sencilla, sin ropas a la moda. Por que si algo vas a notar es que el extranjero es quien anda de punta en blanco: Con las ultimas chalitas de cuero, y las poleras hipsters. El porteño viste lo que le acomode. No anda con modas: Es libre.


      

Reemplazaría este sonido hueco y monótono por el ruido de sus calles, por las risas ingenuas, alegres y espontáneas. Imposible encontrar algún lugar que se le parezca en este ahogado Santiago. Aquí no hay salida más que encerrarse en los malls los fines de semanas. Allá el mar... oh el mar. Por que si de algo doy fe, es que las casas comerciales pasan vacías. Eso hasta que construyan el nuevo mall al lado de la playa. Grave error.
Punto aparte es Viña, amada ciudad de los Santiaguinos: Playa y... MALL! Que mejor para unos consumistas capitalinos que les ofrezcan playa y las ultimas prendas caras. 

Pero dejemos de lado a los Viñamarinos. Perdamonos en los cerros coloridos, difíciles de subir para cualquiera que no haga ejercicio a diario. Ver a las señoras gorditas bajando y subiendo por las escaleras me hace sentir verguenza de ser jóven y fofa. Lo curioso es, que arriba siempre está lo interesante. Las vistas de la costa, los grafitis, los ascensores y los infaltables perros compañeros de subida... ahh que ganas de estar mirando el mar ahora y sentir la brisa fría que purifica mis pulmones Santiaguinos...


Ilustración por Loro Corión <3

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